En Madrid tenemos un parque de viviendas bastante peculiar. Muchos pisos tienen décadas encima, con distribuciones que ya no tienen sentido para cómo vivimos hoy. Techos de tres metros y medio, habitaciones oscuras, pasillos eternos, cocinas cerradas del tamaño de un armario… Son viviendas que en su momento funcionaban, pero que ahora se quedan cortas. O eso parece.
Porque la realidad es que muchas veces el problema no es falta de metros, sino metros mal aprovechados. Ese pasillo larguísimo que no sirve para nada, esa cocina encerrada que ocupa lo mismo que el salón, tres habitaciones minúsculas cuando podrían ser dos decentes, o un montón de espacio desperdiciado en alturas que nadie usa. Ahí está el potencial. Y es enorme si sabes dónde mirar.
Ganar metros no es hacer magia ni tirar la casa abajo. Es reorganizar bien, eliminar lo que sobra y aprovechar lo que ya tienes pero no estás usando. En este artículo te vamos a contar los trucos que realmente funcionan para sacarle más partido a tu vivienda sin tener que mudarte ni ampliar. Son cosas que aplicamos en reformas constantemente y que marcan una diferencia grande en el día a día.
Abre espacios y derriba lo que no necesitas

Si hay algo que cambia radicalmente la sensación de amplitud en una vivienda, es tirar tabiques. Y no lo digo por seguir modas ni por el rollo del «concepto abierto» que se ve en las revistas. Lo digo porque funciona. Muchos pisos en Madrid tienen la cocina encerrada en un cuarto diminuto, el salón en otro, y el comedor en un rincón oscuro. Resultado: tres espacios pequeños que se sienten agobiantes. Pero si eliminas esas paredes y los unes, de repente tienes un espacio grande, luminoso y mucho más funcional.
La cocina abierta al salón es probablemente la intervención que más metros «gana» sin tocar ni un centímetro de superficie. No es que aparezcan metros nuevos, claro, pero la sensación de amplitud se multiplica. Además, la luz circula mejor, puedes estar cocinando mientras hablas con alguien en el sofá, y visualmente todo parece el doble de grande.
Tampoco tiene sentido abrir todo siempre. Si tienes una casa muy grande o si hay gente que necesita intimidad (niños pequeños, teletrabajo, lo que sea), a veces conviene mantener alguna separación. Pero en pisos de 60, 70, 80 metros, abrir la zona de día suele ser un acierto total. Hemos visto casos donde el cliente tenía dudas y después de la reforma nos dice: «No sé cómo he podido vivir antes con todo tan cerrado».
Aprovecha la altura si la tienes
Una de las grandes ventajas de los pisos antiguos de Madrid es que muchos tienen techos altísimos. Tres metros, tres y medio… a veces incluso más. Y la mayoría de la gente no les saca ningún partido. Ahí arriba hay metros cúbicos desperdiciados que podrías estar usando para almacenar, para crear una zona extra, o incluso para montar un altillo habitable.
Eso sí, hay que tener en cuenta que para que un altillo sea cómodo, necesitas al menos 2,20 metros de altura libre tanto arriba como abajo. Si no llegas a eso, te vas a sentir agobiado. Y luego está el tema de la escalera: tiene que ser segura, cómoda y que no ocupe demasiado espacio. Las de caracol suelen funcionar bien, o las tipo marinera si el espacio es muy justo.
Si no quieres o no puedes hacer un altillo completo, también puedes aprovechar la altura de otras formas. Armarios hasta el techo, estanterías altas, o incluso pequeños altillos de obra sobre zonas como el baño o la entrada, que sirven como trastero. Cualquier cosa que suba en vertical te libera espacio en horizontal, y eso se nota un montón en el día a día.
Elimina o reduce pasillos y recibidores
Los pasillos son el enemigo número uno cuando hablamos de aprovechar metros. Son espacios de paso que no sirven para nada más que caminar, y en muchos pisos de Madrid ocupan una barbaridad. Hemos visto pasillos de cuatro o cinco metros que podrían desaparecer perfectamente con una buena redistribución, y esos metros sumados al salón o a un dormitorio cambian completamente la vivienda.
El recibidor es otro clásico. Muchas casas tienen una entrada con un cuartito cerrado que solo sirve para dejar el abrigo y poco más. Si lo abres al salón, ganas amplitud visual y metros útiles de golpe. No hace falta que sea todo un espacio único; puedes delimitar la zona de entrada con un mueble bajo, una estantería o simplemente con el cambio de pavimento, pero sin levantar paredes.
Eso sí, hay casos donde el pasillo tiene sentido. Si tienes una casa muy compartimentada con muchas habitaciones y necesitas privacidad entre zonas, eliminar el pasillo puede no ser buena idea. Pero en pisos pequeños o medianos, donde cada metro cuenta, quitarlo suele ser un acierto total. De repente tienes un salón que respira, una entrada que no agobia, y una sensación general de que la casa es mucho más grande de lo que realmente es.
Cambia las puertas por correderas

Esto es algo que mucha gente no tiene en cuenta, pero una puerta abatible normal ocupa un montón de espacio. No solo el hueco de la puerta en sí, sino todo el radio que necesita para abrirse. En una habitación pequeña, eso puede significar casi un metro cuadrado que no puedes usar para nada porque la puerta tiene que poder moverse. Multiplica eso por todas las puertas de la casa y verás que estamos hablando de bastantes metros desperdiciados.
Las puertas correderas solucionan esto de raíz. Se deslizan paralelas a la pared y no ocupan espacio de apertura. Las puedes poner empotradas dentro del tabique, que es la opción más limpia y elegante, o por fuera, que es más fácil de instalar y también queda bien si eliges un buen diseño. Nosotros las recomendamos especialmente en baños, cocinas y dormitorios donde el espacio es ajustado.
En baños pequeños, por ejemplo, cambiar la puerta abatible por una corredera puede permitirte colocar un mueble o la lavadora en un sitio que antes era imposible. En cocinas, si la puerta da al salón, una corredera de cristal te permite cerrar cuando cocinas algo con mucho olor o ruido, pero sin perder la sensación de amplitud. Y en dormitorios, sobre todo si el armario está justo al lado de la puerta, una corredera te ahorra ese baile de «abro la puerta, cierro el armario, abro el armario, cierro la puerta».
También están las puertas plegables tipo acordeón, que ocupan menos que las abatibles pero más que las correderas. Pueden ser una buena opción para vestidores o trasteros donde no necesitas un cierre súper hermético. Lo importante es pensar bien dónde tiene sentido cada tipo de puerta, porque no siempre la corredera es la mejor opción. Pero en pisos pequeños, suele serlo.
Almacenamiento inteligente donde cada hueco cuenta

Una casa ordenada siempre parece más grande. Y para tener una casa ordenada, necesitas sitio donde guardar las cosas. Parece obvio, pero es algo que mucha gente no planifica bien en una reforma. Luego acaban con muebles sueltos por todos lados, cajas apiladas en los armarios y la sensación de que falta espacio, cuando en realidad lo que falta es almacenamiento bien pensado.
Los armarios empotrados de suelo a techo son una de las mejores inversiones que puedes hacer. Aprovechan toda la altura de la pared, no dejan huecos muertos por arriba donde se acumula el polvo, y te permiten guardar muchísimo más que un armario normal. Nosotros siempre recomendamos hacerlos a medida, porque así se adaptan perfectamente al espacio y no desperdicias ni un centímetro. En dormitorios, en pasillos, incluso en salones si hace falta.
Luego están los huecos que nadie usa. El hueco bajo la escalera, por ejemplo, es oro puro. Se puede convertir en un armario, en una despensa, en un zapatero… lo que necesites. Lo mismo con los espacios sobre las puertas: si tienes techos altos, puedes poner un pequeño altillo cerrado ahí arriba para guardar maletas, ropa de temporada o cosas que no usas a diario. Los rincones raros, esos que quedan entre columnas o en esquinas difíciles, también se pueden aprovechar con estanterías a medida o muebles rinconeros.
Integra la terraza o el patio si puedes
Si tienes una terraza, un patio o incluso un balcón grande, cerrarlos puede darte metros extra de verdad. No es solo sensación: son metros habitables que sumas a la vivienda. Hemos hecho reformas donde cerrar una terraza ha permitido ampliar el salón, crear un despacho o incluso ganar un dormitorio pequeño. En Madrid, donde el espacio vale oro, esto puede marcar una diferencia enorme.
Eso sí, no es algo que puedas hacer alegremente. Cerrar una terraza requiere permisos, y dependiendo del edificio y de la normativa urbanística de tu zona, puede ser más o menos complicado. En algunos casos es relativamente sencillo, en otros directamente no te lo van a permitir. Nosotros siempre revisamos esto antes de plantear la opción, porque lo último que queremos es que te metas en una obra y luego tengas problemas legales.
Si puedes hacerlo, hay que pensar bien en el aislamiento. Una terraza cerrada sin un buen aislamiento térmico y acústico se convierte en un horno en verano y en una nevera en invierno. Hay que poner ventanas de calidad, aislar bien las paredes y el techo si hace falta, y asegurarse de que la nueva zona quede integrada con el resto de la casa. No vale con poner cuatro cristales y ya está.
También está la opción de cerrar la terraza con cristaleras pero sin calefacción, creando una especie de galería acristalada. No cuenta como espacio habitable a efectos legales, pero te da una zona extra muy útil para tender ropa, poner plantas, o usarla como zona de estar en las estaciones intermedias. Es una solución más sencilla en cuanto a permisos y también más barata.
En cualquier caso, si tienes una terraza o patio que apenas usas, vale la pena estudiar qué se puede hacer con ese espacio. A veces son cinco o seis metros que, bien integrados, transforman completamente la vivienda.
Muebles a medida frente a muebles estándar
Cuando hablamos de aprovechar el espacio, los muebles a medida son otra liga. Un mueble estándar de Ikea o de cualquier tienda está diseñado para encajar en el mayor número de casas posible, pero eso significa que nunca va a aprovechar tu espacio al cien por cien. Siempre quedan huecos a los lados, por arriba, por abajo… centímetros que se pierden y que, sumados, son metros desperdiciados.
Un mueble a medida se diseña exactamente para tu pared, tu rincón, tu hueco. Llega hasta el techo, encaja milimétricamente entre dos paredes, aprovecha ese rincón raro que con un mueble normal quedaría muerto. En cocinas esto es especialmente importante: una cocina a medida aprovecha cada centímetro de encimera, cada cajón está donde tiene que estar, y no hay espacios perdidos entre módulos. Lo mismo pasa con los armarios empotrados, las estanterías o los muebles de salón.
Y otro detalle importante: en una reforma, los muebles a medida se coordinan con la obra. El carpintero viene, toma medidas cuando ya están los tabiques levantados, y fabrica todo sabiendo exactamente qué espacio tiene. Con muebles estándar siempre hay ese momento de «a ver si entra», y muchas veces no entra, o entra pero quedan huecos horribles.
Conclusión
Ganar metros en tu vivienda no es cuestión de milagros ni de tirar la casa abajo. Es cuestión de mirar con otros ojos lo que ya tienes y reorganizarlo con cabeza. Eliminar tabiques que no aportan nada, aprovechar alturas desperdiciadas, cambiar puertas por correderas, diseñar almacenamiento inteligente… son decisiones que, bien aplicadas, transforman completamente cómo se vive un espacio.
En Madrid tenemos la suerte de contar con muchos pisos con potencial: techos altos, estructuras sólidas, distribuciones que se pueden replantear. Pero también tenemos edificios antiguos donde hay que saber qué se puede tocar y qué no. Por eso es fundamental contar con profesionales que conozcan bien este tipo de viviendas, que sepan leer la estructura, que tengan experiencia en reformas y que puedan anticiparse a los problemas antes de que aparezcan.
Al final, una buena reforma no consiste en añadir metros, sino en aprovechar mejor los que ya tienes. Y cuando lo haces bien, la diferencia se nota cada día: en cómo circula la luz, en cómo respira la casa, en cómo todo tiene su sitio y funciona. No hace falta mudarse. Hace falta repensar.
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