Elegir los materiales para una reforma es una de esas decisiones que parece sencilla al principio… hasta que te plantas en una tienda y te das cuenta de que hay mil opciones para cada cosa. Y no es solo cuestión de que te guste cómo queda: también importa que aguante bien, que no te arruines en el intento y que dentro de unos años no te arrepientas.
En este artículo vamos a contarte cómo elegir materiales para tu reforma de forma práctica: desde los suelos hasta la grifería, pasando por encimeras, puertas de muebles y todo lo que necesitas tener claro antes de empezar. Lo que realmente importa cuando te enfrentas a una reforma en casa.
Materiales para Paredes y Techos

Cuando piensas en una reforma, probablemente lo primero que te viene a la cabeza son los suelos o la cocina. Pero las paredes son las que más superficie ocupan en cualquier habitación, y elegir bien el material puede marcar la diferencia entre un espacio que envejece bien y otro que empieza a dar problemas al poco tiempo.
No todas las paredes son iguales. Una pared de salón no tiene las mismas necesidades que la de un baño o una cocina. La humedad, la facilidad de limpieza, el estado previo de la pared y, por supuesto, el presupuesto, son factores que van a condicionar tu elección.
Pintura, la opción más versátil
La pintura es el revestimiento más habitual, y con razón: es económica, rápida de aplicar y permite cambiar el aspecto de una habitación sin complicaciones. Pero no todas las pinturas son iguales, y aquí es donde mucha gente se equivoca.
Pintura plástica es la estándar para interiores. Cubre bien, no huele demasiado y es fácil de aplicar. Funciona perfectamente en salones, pasillos y dormitorios. El problema es que no resiste bien la humedad ni se puede limpiar a fondo sin que se estropee el acabado.
Si tienes niños, mascotas o simplemente quieres poder limpiar las paredes sin miedo, necesitas pintura lavable. Es un poco más cara, pero aguanta mucho mejor el día a día. Puedes pasar un trapo húmedo sin que se quede la marca o se levante la pintura.
Para baños y cocinas, donde hay vapor y salpicaduras, lo ideal es una pintura específica antihumedad o, directamente, un esmalte. Los esmaltes son más resistentes, se limpian mejor y crean una capa protectora. Eso sí, el acabado suele ser más brillante, algo que no a todo el mundo le gusta.
Sobre los acabados: mate, satinado o brillo. El mate disimula imperfecciones de la pared, pero es el que peor se limpia. El satinado es un punto medio: queda elegante y se puede limpiar sin problemas. El brillo refleja mucha luz y es muy lavable, pero también marca cualquier defecto de la pared.
Un detalle importante: la calidad de la pintura se nota, y mucho. Una pintura barata puede necesitar tres o cuatro manos para cubrir bien, mientras que una de calidad cubre en dos. Al final no ahorras, porque gastas más en mano de obra y en litros de pintura.
Azulejos y cerámica para zonas húmedas
En baños y cocinas, los azulejos son casi obligatorios. Resisten la humedad, se limpian fácilmente y, si eliges bien, pueden durar décadas sin perder el aspecto.
El gres porcelánico es más resistente y menos poroso que la cerámica tradicional. Esto significa que absorbe menos agua y es más difícil que se manche o se agriete. Además, ahora hay diseños que imitan piedra natural, madera, cemento… con un realismo que hace unos años era impensable.
El tamaño del azulejo también importa. Los formatos grandes (60×60 cm, 60×120 cm o incluso más) están muy de moda porque tienen menos juntas, lo que da un aspecto más limpio y continuo. Además, al haber menos juntas, hay menos sitios donde se acumule suciedad. El inconveniente es que son más caros de colocar y, si la pared no está perfectamente nivelada, se nota más.
Los azulejos pequeños tipo metro o los mosaicos quedan muy bien en baños, sobre todo en zonas de ducha o como detalle decorativo. Pero ten en cuenta que las juntas requieren más mantenimiento: con el tiempo pueden oscurecerse o aparecer moho si no se limpian bien.
Algo que poca gente sabe: el color de la junta también influye. Las juntas blancas quedan muy limpias al principio, pero se ensucian antes. Las grises o beige disimulan mejor la suciedad y el paso del tiempo.
Microcemento, continuidad sin juntas
El microcemento se ha puesto muy de moda en los últimos años, y tiene sentido: da un acabado continuo, moderno y se puede aplicar sobre casi cualquier superficie sin necesidad de picar. Funciona tanto en paredes como en suelos, y si está bien aplicado y sellado, resiste perfectamente la humedad.
Es ideal si buscas un estilo minimalista o industrial. Al no tener juntas, visualmente amplía el espacio y es muy fácil de limpiar. Además, puedes elegir el color y el acabado (mate o satinado).
Ahora bien, el microcemento tiene trampas. La aplicación es delicada y requiere un profesional que sepa lo que hace. Si no se aplica bien, pueden aparecer grietas, manchas o desniveles. Y aunque el material en sí no es carísimo, la mano de obra sí lo es.
Otro punto: con el tiempo pueden aparecer pequeñas fisuras, sobre todo en zonas de mucho tránsito o movimiento. No es que se rompa, pero estéticamente puede molestar si buscas un acabado impecable.
Papel pintado para darle personalidad
El papel pintado ha vuelto con fuerza. Ya no es ese papel de flores de los años 80, ahora hay diseños increíbles, desde geométricos hasta imitaciones de texturas como ladrillo, madera o cemento.
Es una forma rápida de darle carácter a una habitación sin obras. Se puede poner en una sola pared (la típica pared de acento detrás del sofá o de la cama) o en toda la estancia. Y si te cansas, se puede cambiar sin demasiado lío.
Pero tiene sus limitaciones. No es apto para zonas húmedas como baños o cocinas, salvo que sea un papel vinílico específico para ello. Tampoco disimula imperfecciones: si la pared tiene bultos, grietas o desniveles, se van a notar. Antes de empapelar, la pared tiene que estar lisa, seca y bien imprimada.
La calidad del papel también varía mucho. Los papeles baratos se despegan con facilidad o se decoloran con la luz. Los de calidad, en cambio, son lavables y duran años.
Revestimientos decorativos con madera, piedra y paneles
Los revestimientos decorativos son un recurso interesante para crear puntos focales o aportar calidez a un espacio. Paneles de madera, listones verticales, piedra natural o imitación, placas de yeso con relieve… Las opciones son muchas.
La madera natural aporta calidez y un toque acogedor, pero necesita mantenimiento y no le sienta bien la humedad. Si te gusta el efecto pero no quieres complicaciones, hay laminados o paneles de MDF chapados en madera que imitan muy bien el acabado natural y son mucho más estables.
La piedra natural (pizarra, piedra irregular, mármol) queda espectacular, pero es cara y pesada. Requiere una instalación profesional y no todas las paredes aguantan el peso. Como alternativa, existen placas de imitación de piedra que pesan menos, cuestan menos y se colocan más fácilmente.
Un consejo: los revestimientos decorativos funcionan bien cuando se usan con criterio. Una pared de acento puede darle mucha personalidad a una habitación, pero si te pasas, el espacio queda recargado y agobiante.
Los techos también cuentan
Los techos suelen ser los grandes olvidados, pero también importan. Lo más habitual es pintarlos en blanco, que es lo que mejor refleja la luz y hace que la habitación parezca más alta.
Si el techo tiene imperfecciones o quieres ocultar instalaciones (cables, tuberías), puedes optar por un falso techo de pladur. Permite integrar iluminación empotrada y mejorar el aislamiento acústico. Eso sí, resta altura a la habitación, algo a tener en cuenta si los techos ya son bajos.
Otra opción son los techos tensados, que dan un acabado liso y moderno, pero son más caros y menos comunes en reformas residenciales.
Materiales para Suelos

El suelo es una de las decisiones más importantes en cualquier reforma. Es lo que más se usa, lo que más se ve y lo que más difícil (y caro) es cambiar si te equivocas. Por eso merece la pena dedicarle tiempo a elegir bien.
No vamos a entrar aquí en todos los detalles porque ya hemos hablado largo y tendido sobre este tema. Si quieres saber las diferencias entre vinílico, laminado, porcelánico, parquet o microcemento, cuál resiste mejor la humedad, cuál va bien con suelo radiante o cuál se adapta mejor a tu presupuesto, te recomendamos leer nuestro artículo completo: Cómo elegir suelo para tu reforma en Madrid.
Pero sí queremos dejarte aquí un par de ideas clave que te ayudarán a decidir:
Piensa en el uso real de cada zona. No es lo mismo el suelo de un dormitorio que el de una cocina o un baño. La resistencia a la humedad, a los golpes, a las manchas… todo eso cambia según la estancia. Un suelo que funciona perfecto en el salón puede ser un desastre en el baño.
El presupuesto no lo es todo, pero importa. Hay opciones para todos los bolsillos, pero ojo: lo barato puede salir caro si tienes que cambiarlo en pocos años. A veces merece la pena invertir un poco más en zonas de mucho tránsito (entrada, pasillo, cocina) y ajustar en otras menos transitadas.
La instalación también cuenta. Algunos suelos son más fáciles de instalar que otros, y eso afecta al precio final. Los suelos de click, por ejemplo, son más rápidos de colocar que los que van pegados, y eso se nota en la factura.
Coherencia estética. Si pones un tipo de suelo en el salón y otro completamente diferente en el pasillo, visualmente el espacio se fragmenta. No hace falta poner el mismo suelo en toda la casa, pero sí que haya cierta continuidad de estilo o color.
Si todavía no tienes claro qué suelo elegir, échale un vistazo al artículo que te hemos enlazado. Ahí lo explicamos todo con detalle y te ayudamos a tomar la decisión según tu caso concreto.
Materiales para Mobiliario de Cocina y Baño

Cuando hablamos de reformar una cocina o un baño, no solo importa el suelo o los azulejos. Los muebles son los que más vas a tocar, los que más se ensucian y los que más sufren el día a día. Elegir bien los materiales de las encimeras y las puertas de los muebles puede marcar la diferencia entre una cocina que envejece bien y otra que a los pocos años parece destrozada.
Encimeras de cocina
La encimera es la zona de trabajo de la cocina. Ahí cortas, apoyas ollas calientes, derramas líquidos… Tiene que aguantar de todo, y además quedar bien. No todos los materiales están a la altura.
Granito es una de las opciones más clásicas y resistentes. Aguanta el calor, los golpes y las manchas si está bien sellado. Es piedra natural, así que cada pieza es única. El problema es que es caro, pesado y necesita un mantenimiento periódico para mantener el sellado en buen estado. Con el tiempo, si no se cuida, puede mancharse, sobre todo con líquidos ácidos como el limón o el vino.
Cuarzo compacto (tipo Silestone, Compac o similares) es ahora mismo una de las opciones más populares, y con razón. Es muy resistente, no es poroso (no absorbe líquidos), no necesita sellado y hay muchísimos colores y acabados. Aguanta bien el calor, aunque no conviene poner una olla recién sacada del fuego directamente. Es más caro que el laminado, pero más barato que algunas piedras naturales, y prácticamente no necesita mantenimiento.
Dekton o Neolith son materiales ultracompactos, aún más resistentes que el cuarzo. Aguantan rayones, calor extremo, manchas… Son casi indestructibles. El inconveniente es el precio: son de lo más caro del mercado. Si el presupuesto lo permite, son una inversión a largo plazo.
Laminado es la opción más económica. Imita otros materiales (piedra, madera, cemento) y hay diseños que quedan bastante bien. El problema es que no resiste igual: se puede rayar, hinchar con la humedad si se moja la junta, y no aguanta el calor directo. Para cocinas de poco uso o presupuestos ajustados puede funcionar, pero no es lo más recomendable si cocinas mucho.
Madera maciza da un toque cálido y natural, pero es delicada. Se mancha fácil, se raya, no le va bien el agua y hay que tratarla periódicamente con aceites. Es más una elección estética que práctica, y solo tiene sentido si te gusta ese estilo y estás dispuesto a cuidarla.
Acero inoxidable es lo que se usa en cocinas profesionales. Higiénico, resistente al calor y fácil de limpiar. Pero se raya con facilidad (aunque son rayones superficiales que no afectan a la funcionalidad) y estéticamente no encaja en todos los estilos. Es más habitual en cocinas modernas o industriales.
Puertas de muebles de cocina
Las puertas de los muebles son lo primero que ves al entrar en una cocina. Pero además de la estética, importa que resistan bien la grasa, la humedad y el uso constante.
Melamina es un tablero de aglomerado o MDF recubierto con una lámina decorativa. Es la opción más económica y hay muchos colores y acabados (imitación madera, lisos, con textura…). Resiste bastante bien el día a día, pero si se moja la junta o se golpea, puede hincharse o desconcharse. No es la más duradera, pero para presupuestos ajustados funciona.
Laminado de alta presión es un paso por encima de la melamina. Más resistente a golpes, rayones y humedad. Hay acabados mate, brillo, con textura… y aguanta mejor el paso del tiempo. Es una buena relación calidad-precio.
Lacado da un acabado liso y elegante, muy típico en cocinas modernas. Puede ser brillo o mate. El brillo refleja mucha luz y hace que la cocina parezca más grande, pero marca más las huellas y los roces. El mate disimula mejor, pero es más delicado de limpiar (hay que usar productos específicos). El lacado de calidad es resistente, pero si se golpea fuerte, puede desconcharse, y repararlo no es fácil.
Madera natural aporta calidez y un toque más clásico o rústico. Pero necesita mantenimiento: hay que limpiarla con productos adecuados y, con el tiempo, puede oscurecerse o decolorarse con la luz. No le va bien la humedad excesiva ni los cambios bruscos de temperatura. Es más una elección estética que práctica.
Chapa de madera natural sobre MDF es un punto medio: tienes el aspecto de la madera natural, pero con más estabilidad y menos mantenimiento. Es más cara que la melamina, pero más barata que la madera maciza.
Cristal o vidrio templado se usa a veces en puertas de muebles altos o como detalle. Queda moderno y permite ver el interior (si es que quieres enseñarlo). Es fácil de limpiar, pero marca mucho las huellas.
Materiales para muebles de baño
Los muebles de baño tienen que lidiar con la humedad constante, el vapor, las salpicaduras… No todos los materiales aguantan bien ese ambiente.
Lo más habitual es usar MDF hidrófugo o aglomerado hidrófugo, que son tableros tratados para resistir la humedad. Luego se recubren con melamina, laminado o lacado. Funcionan bien si están bien sellados en las juntas y cantos. Si entra agua por algún sitio, pueden hincharse, así que la calidad del acabado es importante.
PVC o materiales sintéticos son cada vez más comunes en baños. Son totalmente impermeables, no se hinchan, no se pudren y son fáciles de limpiar. Estéticamente pueden parecer menos «nobles» que la madera, pero en cuanto a resistencia, son imbatibles en ambientes húmedos.
Madera natural en baños es arriesgado. Puede quedar muy bonita, pero necesita un tratamiento específico y un mantenimiento constante. Si no se cuida bien, se hincha, se deforma o aparece moho. Solo tiene sentido si el baño está muy bien ventilado y estás dispuesto a cuidarla.
Las encimeras de baño suelen ser de los mismos materiales que las de cocina: cuarzo compacto, porcelánico, piedra natural o laminado. El cuarzo compacto es una apuesta segura: resiste la humedad, no se mancha y es fácil de limpiar. El porcelánico también va muy bien y es más económico. El laminado puede funcionar, pero hay que vigilar que no se moje la junta.
Grifería y Accesorios

La grifería es uno de esos elementos que pasan desapercibidos hasta que dejan de funcionar bien. Un grifo que gotea, que pierde presión o que se estropea a los pocos meses puede ser un quebradero de cabeza. Y aunque parezca un detalle menor, la calidad del material marca mucho la diferencia en durabilidad y mantenimiento.
Materiales de la grifería
No todos los grifos están hechos del mismo material, y eso se nota tanto en el precio como en cuánto duran.
Latón cromado es el material más habitual en grifería de calidad. El latón es resistente, no se oxida fácilmente y aguanta bien la presión del agua. El cromado es el acabado que le da ese brillo plateado típico. Es duradero, fácil de limpiar y resiste bien el uso diario. Si buscas un grifo que dure años sin problemas, el latón cromado es una apuesta segura.
Acero inoxidable también es una buena opción. Es muy resistente a la corrosión, higiénico y queda bien en cocinas y baños modernos. El problema es que suele ser más caro que el latón cromado, y estéticamente puede parecer más frío. Además, algunos acabados marcan más las huellas y las gotas de agua.
Zamak es una aleación de zinc que se usa en grifería barata. Es más ligero y menos resistente que el latón. Con el tiempo puede perder el cromado, oxidarse o romperse. Si el presupuesto es muy ajustado puede servir, pero no esperes que dure muchos años.
Plástico o materiales sintéticos se usan en grifos muy económicos o en algunas partes internas de grifos de gama media. No son recomendables para un uso intensivo. Se desgastan rápido, pueden agrietarse y no aguantan bien la presión del agua.
Acabados de la grifería
El acabado no es solo estético, también afecta al mantenimiento.
Cromado es el más común. Brilla, es fácil de limpiar y resiste bien. El problema es que marca las huellas y las gotas de agua, así que si eres de los que le gusta que todo esté impecable, tendrás que pasarle un trapo a menudo.
Cromado mate o satinado disimula mejor las marcas y da un toque más moderno. Es igual de resistente que el cromado brillo, pero requiere menos mantenimiento visual.
Negro mate está muy de moda. Queda espectacular en cocinas y baños modernos, pero hay que tener cuidado con la calidad. Los acabados negros baratos se rayan o desconchán con facilidad. Si vas a por este acabado, asegúrate de que sea de buena calidad, porque si no, en poco tiempo va a parecer viejo.
Dorado, cobre o bronce son acabados más llamativos, ideales para baños con un toque más clásico o elegante. Son más caros y requieren productos de limpieza específicos para no estropear el acabado.
Cartuchos y mecanismos internos
Aquí es donde muchos grifos baratos fallan. Puedes tener un grifo que por fuera parezca de calidad, pero si el cartucho interno es malo, en poco tiempo empezará a gotear o a perder presión.
Los cartuchos cerámicos son los mejores. Duran más, no gotean y permiten un control suave del caudal y la temperatura. La mayoría de grifos de gama media-alta los llevan.
Los cartuchos de goma o plástico se desgastan rápido. Son los que llevan los grifos muy baratos, y es habitual que al cabo de un par de años empiecen a dar problemas.
Accesorios de baño y cocina
Los accesorios (toalleros, portarrollos, jaboneras, estantes…) también importan, aunque muchas veces se eligen a última hora sin pensar demasiado.
Acero inoxidable es lo más práctico y duradero. No se oxida, es fácil de limpiar y queda bien en casi cualquier estilo. Es la opción más recomendable para baños con mucha humedad.
Latón cromado también funciona bien, igual que en la grifería. Resiste la humedad y tiene un acabado elegante.
Plástico o resinas son más baratos, pero se rayan, se amarillean con el tiempo y no aguantan bien los golpes. Pueden servir para un baño de invitados que se usa poco, pero no para el baño principal.
Madera o bambú quedan bonitos y dan un toque natural, pero en baños húmedos hay que tener cuidado. Si no están bien tratados, se hinchan, se oscurecen o aparece moho. Solo tienen sentido si el baño está bien ventilado.
Un detalle importante: los accesorios que van atornillados a la pared suelen ser más resistentes que los que van pegados con adhesivo. Los adhesivos pueden aguantar un tiempo, pero con la humedad y el peso, acaban despegándose.
Carpintería: Puertas y Ventanas

Las puertas y ventanas son elementos que muchas veces se pasan por alto en una reforma, pero tienen más importancia de la que parece. Una buena puerta no solo tiene que quedar bien estéticamente, también tiene que aislar del ruido, aguantar el uso diario y no deformarse con el tiempo. Y las ventanas son clave para el aislamiento térmico y acústico de la casa, algo que se nota mucho en la factura de la luz y en el confort.
Puertas interiores
Las puertas interiores se abren y cierran decenas de veces al día, así que tienen que ser resistentes. Pero también influyen mucho en la estética general de la casa.
Puertas de madera maciza son las más tradicionales y duraderas. Aguantan bien los golpes, aíslan bastante del ruido y tienen un tacto y un aspecto de calidad. El problema es que son caras y pesadas, y necesitan un marco y bisagras reforzadas. Además, con los cambios de humedad y temperatura pueden hincharse o contraerse ligeramente, aunque si están bien tratadas, esto no suele ser un problema.
Puertas de madera chapada son una alternativa más económica. Tienen un alma de MDF o de madera de menor calidad, recubierta con una chapa de madera natural. Visualmente quedan muy parecidas a las de madera maciza, pero son más ligeras y estables. No se deforman tanto con la humedad y son más fáciles de instalar. La calidad depende mucho del grosor de la chapa y del alma interior.
Puertas lacadas dan un acabado liso y moderno, perfecto para estilos minimalistas o contemporáneos. Pueden ser lacadas en blanco (lo más habitual) o en cualquier color. El lacado puede ser sobre MDF o sobre madera. Las de calidad aguantan bien, pero si se golpean fuerte, pueden desconcharse, y reparar un lacado no es fácil. El acabado puede ser brillo o mate; el brillo marca más las huellas y los roces, el mate disimula mejor pero es más delicado de limpiar.
Puertas laminadas o de melamina son las más económicas. Imitan la madera o tienen acabados lisos, y para presupuestos ajustados pueden funcionar. Pero no son tan resistentes: se pueden desconchar en los cantos, y si se mojan, pueden hincharse. Para habitaciones de poco uso pueden ir bien, pero para zonas de mucho tránsito es mejor invertir un poco más.
Puertas de cristal o con cristal son ideales para espacios que necesitan luz natural pero quieres separar ambientes. Pueden ser correderas o abatibles. El cristal tiene que ser templado por seguridad. Son fáciles de limpiar, pero marcan las huellas. Funcionan muy bien en pasillos oscuros, baños o como separación entre cocina y salón.
Un detalle importante: el premarco y las bisagras también cuentan. Un premarco de mala calidad puede hacer que la puerta se descuadre con el tiempo, y unas bisagras baratas pueden empezar a chirriar o aflojarse. Merece la pena no escatimar en estos elementos.
Ventanas, clave para el aislamiento
Las ventanas son uno de los puntos por donde más se pierde calor en invierno y entra en verano. Una ventana de mala calidad puede disparar el gasto en calefacción y aire acondicionado. Además, si vives en una zona ruidosa, unas buenas ventanas marcan la diferencia en el confort.
PVC es ahora mismo el material más popular para ventanas, y con razón. Aísla muy bien tanto térmica como acústicamente, no necesita mantenimiento (no hay que pintarlo ni tratarlo), es resistente a la humedad y tiene una buena relación calidad-precio. Además, hay muchos colores y acabados, incluso imitación madera. El único inconveniente es que estéticamente puede parecer menos «noble» que la madera o el aluminio, pero en cuanto a prestaciones, es difícil de superar.
Aluminio con rotura de puente térmico (RPT) es otra opción muy habitual. El aluminio sin RPT es mal aislante, pero con rotura de puente térmico (una separación interna que evita que el frío o el calor se transmitan) funciona muy bien. Es más resistente que el PVC, no se deforma y queda muy bien estéticamente, sobre todo en estilos modernos. Es más caro que el PVC, pero también más duradero. El mantenimiento es mínimo.
Aluminio sin RPT solo tiene sentido en zonas donde el clima es muy suave todo el año. En Madrid, con inviernos fríos y veranos calurosos, no es recomendable. Aísla mal y se nota en la factura energética.
Madera es el material más tradicional y el que mejor queda estéticamente, sobre todo en casas con un estilo clásico o rústico. Aísla muy bien de forma natural, pero necesita mantenimiento: hay que barnizarla o pintarla cada ciertos años, y si no se cuida, puede hincharse, agrietarse o pudrirse. Es la opción más cara, y solo tiene sentido si buscas ese acabado específico y estás dispuesto a cuidarla.
Mixtas (madera-aluminio) combinan lo mejor de ambos mundos: madera en el interior (calidez y aislamiento) y aluminio en el exterior (resistencia y bajo mantenimiento). Son muy eficientes, pero también muy caras. Solo tienen sentido en reformas de alto nivel o en casas donde la estética y el aislamiento son prioritarios.
Persianas y cajones
Si cambias las ventanas, también hay que pensar en las persianas. Los cajones de persiana antiguos son un agujero por donde se escapa el calor. Ahora hay cajones aislados que mejoran mucho el aislamiento. Si es posible, lo ideal es integrar el cajón dentro del muro o usar un cajón compacto aislado.
Las persianas de PVC o aluminio son las más habituales. Las de aluminio son más resistentes, pero también más ruidosas. Las de PVC son más silenciosas y aíslan mejor, pero pueden deformarse con el sol si son de mala calidad.
Conclusiones Finales
Elegir los materiales para una reforma no es solo cuestión de gustos. Es encontrar el equilibrio entre lo que te gusta, lo que necesitas y lo que puedes permitirte. Un material bonito que no aguanta el día a día acaba siendo una mala inversión. Y uno barato que hay que cambiar a los pocos años, también.
Lo importante es pensar en cómo vives tu casa. Si tienes niños, mascotas, si cocinas mucho, si el baño lo usan varias personas… Todo eso condiciona qué materiales tienen sentido y cuáles no. No se trata de elegir lo más caro, sino lo más adecuado para tu caso.
También es clave no dejarse llevar solo por las fotos de Instagram o Pinterest. Lo que queda espectacular en una imagen puede ser un infierno de mantenimiento en la vida real. Y al revés: hay materiales que no son los más vistosos, pero que funcionan de maravilla y envejecen bien.
Y por último, no tengas miedo de pedir consejo. Ver muestras físicas, tocar los materiales, preguntar a profesionales que trabajen con ellos a diario… todo eso te ayuda a tomar mejores decisiones y a evitar errores que luego son caros de solucionar.
¿Necesitas ayuda para elegir los materiales de tu reforma?
En Hogarem hacemos reformas en toda la Comunidad de Madrid y sabemos que elegir materiales puede ser abrumador. Hay tantas opciones que es fácil perderse o tomar decisiones de las que luego te arrepientes.
Podemos ayudarte a elegir los materiales que mejor se adapten a tu casa, a tu forma de vida y a tu presupuesto. Si estás pensando en reformar tu casa en Madrid, contacta con nosotros. Te ayudamos a que tu reforma salga bien desde el principio.


